¿Qué es la crisis de los 8 meses?

La ansiedad por la separación de los 8 meses

¿Tu bebé siente un miedo repentino a abandonar tus brazos o llora a la vista de una cara desconocida? No te preocupes, si tiene entre 6 y 8 meses, está atravesando una crisis clásica: la ansiedad de los 8 meses.

La crisis de los 8 meses

La crisis de los 8 meses: solo quiere estar en tus brazos

Durante el primer año de vida, tu hijo puede atravesar un período un poco difícil: “la ansiedad de los ocho meses”, también llamada el miedo a los extraños. Durante unas semanas, al bebé también le cuesta más separarse de ti. Tranquila, es solo una transición que ya puso de manifiesto el psicoanalista René Spitz en la década de 1950.

Ese miedo a los extraños es una etapa clave del desarrollo del bebé, que se sitúa entre la primera sonrisa y la adquisición del “no”, hacia los 18 meses. Son etapas fundamentales en el proceso de maduración. Esta reacción indica que tu hijo te diferencia a ti, su madre, de una persona desconocida. También denota que el niño toma conciencia de que puede ser separado de ti.

“Esa ansiedad del octavo mes demuestra que tu hijo se desarrolla bien, que distingue a las personas importantes de su existencia (a los padres, principalmente), de los demás”, apunta Béatrice Cooper-Royer, psicóloga clínica y psicoanalista.

Pero no todos los niños la padecen. Nada tiene de sorprendente –ni de inquietante- que tu hijo de entre 6 y 8 meses siga sonriendo a la panadera. No todos los bebés se ponen a llorar en cuanto se acerca un desconocido. Los que están acostumbrados a ver a mucha gente suelen manifestar esa ansiedad con menos intensidad. Unos son más osados, otros más temerosos…

El miedo a los extraños es un miedo diferente a los demás

¿Un miedo típico? ¡No! Para René Spitz “la ansiedad del octavo mes es totalmente diferente al comportamiento asociado al miedo”. Antes de los 8 meses, tu bebé seguramente ya ha tenido ocasión de sentir sus primeros temores: un portazo, un gesto demasiado brusco, gritos o un concierto de bocinas pueden haberlo inquietado o asustado. También puede recordar experiencias desagradables –como, por ejemplo, la visita al pediatra- y reaccionar gritando y llorando si vuelve a enfrentarse a ellas.

Todos esos temores no tiene nada que ver con lo que sienten entre los 6 y los 8 meses. “En ese momento, al encontrarse con un desconocido, el bebé es consciente de la ausencia de su madre y, por primera vez, echa de menos su presencia: el extraño es peligroso porque no es su madre”, explica Béatrice Cooper-Royer.

¿Cómo se manifiesta la crisis de los 8 meses?

A menudo se nota por un cambio de actitud: si antes estaba acostumbrado a pasar de unos brazos a otros con la mayor indiferencia, de pronto, muestra una cierta aprensión.

Esa ansiedad también puede manifestarse de forma indirecta. Las situaciones o los lugares nuevos también lo inquietan: puede que, de repente, deje de gustarle el baño, porque el agua viene de un medio “desconocido”. Si en ese momento tienes que meterlo en la guardería o cambiar la persona que se ocupa de él, tómate tu tiempo para acompañarlo y acostumbrarlo poco a poco a su nuevo entorno.

La crisis de los 8 meses es la primera manifestación de una larga serie de grandes pasos hacia delante acompañados de pequeños pasos atrás que jalonan la vida de tu pequeño. “Durante los dos primeros años de vida, cada nuevo aprendizaje supone un pequeño momento de ansiedad que empuja al niño a tus brazos”, subraya la psicóloga. “Esta fase inevitable no se traduce en algo inquietante, ¡al contrario! Estos períodos de pequeñas regresiones son indispensables para el buen desarrollo de tu bebé”.

Seis trucos para ayudarle a superar la crisis de los 8 meses

Demuestra al niño que te interesas por él en otras situaciones y no solo cuando manifiesta ansiedad. De lo contrario, puedes estar animándolo a adoptar un comportamiento de repliegue, porque sabe que lo cogerás en brazos.
Acostúmbralo a ver gente, aunque se muestre un poco salvaje.
No lo obligues por la fuerza a estar en brazos de una persona que le inspira miedo, dale tiempo para que se familiarice con ella.
→ Pero, atención, si llora o demuestra su desagrado siempre en presencia de la misma persona y solo con ella, merece la pena preguntarse por las razones de esa aversión real.
→ Durante este período, es mejor evitar las marchas bruscas y frecuentes, así como las separaciones de larga duración.
Recurre al juego del “Cucu… ¡tras!”, el juego preferido de los bebés. A partir de los 5 meses, enseña a tu pequeño que podéis estar en contacto incluso cuando no podéis veros.
El peluche es el intermediario ideal para mantener ese contacto.

Marie Auffret-Pericone con Emmanuelle Rigon, psicóloga clínica y psiquiatra.

© Enfant Magazine

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