El balbuceo del bebé

El lenguaje del bebé a los 8 o 10 meses

Se acabaron las vocalizaciones y empieza el balbuceo. Hacia los 8 o 10 meses el bebé ya no se contenta con pronunciar vocales sueltas, sino que las asocia con una consonante. Y comienzan esos rosarios interminables de “papapapa” o “babababa”.

Comienza el balbuceo

Lo que te dice hacia los 8 o 10 meses

Tras la vocalizaciones viene el balbuceo, con imitación de sonidos. El bebé encadena los “papapa” o los “bababa”. Es un excelente entrenamiento para la correcta colocación de la lengua y los labios y el control de la laringe y la faringe.

Luego el balbuceo se vuelve más complejo y no es extraño que hacia los 9 meses, los jóvenes creadores opten por combinaciones más variadas. Entonces le oirás, por ejemplo, decir “oyé”.

Lo que demuestra… que ha conseguido domar la sílaba, la unidad básica de la lengua. Ya tiene un logro en su haber, que ha sido posible gracias a la maduración fisiológica que se ha acelerado. La laringe del bebé ha adquirido la curvatura en ángulo recto de la que carecía. La lengua se ha alargado y musculado: ahora puede moverse hacia delante y hacia atrás.

Lo que oye hacia los 8 o 10 meses

Tu pequeño y atento oyente no deja de sorprenderte. Si le lees dos listas de palabras, una que guarde relación directa con su vida cotidiana (biberón, zapato, galleta, etc.) y otra muy alejada de sus preocupaciones, pero con una dificultad fonética similar (caduco, tapiza, voluta, etc.), preferirá la primera.

Lo que demuestra… que es capaz, si no de memorizar las palabras que oye muy a menudo, sí al menos de reconocerlas. A esta edad, aún no se puede hablar de comprensión. Aunque si le dices con entusiasmo “¡vamos de paseo!”, mientras le enseñas el anorak y sacas la sillita, deducirá rápidamente lo que le espera, gracias al contexto.

Cómo contestarle

→ Utiliza todas las palabras familiares que puedas, ya que, según parece, el bebé las valora mucho más que las otras.
→ Aprovecha para traducir cualquier situación de la vida cotidiana en palabras: “te estoy preparando el biberón” o “esto que comes es pescado”.
→ No dudes en representar lo que dices, haciendo gestos, enseñando los objetos y marcando las entonaciones. Recuerda que tu hijo utiliza el contexto para deducir el sentido de lo que dices.
→ No le hables con “lenguaje de bebé”, deformando las palabras o inventándolas. Un perro no es un “guauguau”, no tiene sentido dar a tu hijo pistas falsas.
→ Y regálale también playas de silencio. ¡Sumergir a tu bebé en un baño de lenguaje no significa ahogarlo! Para él son indispensables los momentos de silencio que le permitan digerir todo lo que oye y apropiarse del lenguaje.


“Se acabó el “lenguaje de bebé”. Tu aprendiz de orador ya ha superado esa etapa. Eso le impediría progresar”.

Isabelle Gravillon con Pierre Hallé, profesor de investigación del CNRS y Marie-Josèphe Rancon, ortofonista.

© Enfant Magazine

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