Por qué llora un bebé

Causas y soluciones al llano de los bebés

Las causas del llanto en los bebés son múltiples y no siempre fáciles de detectar. Gradualmente los padres y personas cercanas al niño aprenderán a reconocer el significado, pero a la vez, el niño también aprenderá que su llanto atrae la presencia del adulto y lo usará no solo para manifestar sus necesidades básicas sino también para pedir compañía.

En el proceso del llanto hay al menos dos personas implicadas: el bebé que llora y el adulto que interpreta por qué. La interpretación depende del tono, la intensidad y duración de los llantos y suspiros, pausas entre los sonidos, etc. También implica la observación de las expresiones faciales y de los movimientos de brazos y piernas. El bebé con su llanto está transmitiendo información sobre sus necesidades: es su forma más precoz de comunicación con el adulto, que habrá de adivinar las causas del malestar del niño.

Por qué lloran los bebés

Causas y remedios para el llanto del bebé

· El hambre: s el llanto se adelanta demasiado a la hora de las comidas, significa que el niño se queda con hambre. En este caso, conviene darle el pecho más a menudo o, si toma biberón, aumentarle la ración, una vez consultado con el pediatra.

· La incomodidad física: un bebé también llora cuando está incómodo porque tiene sueño, siente frío o calor, la ropa le comprime o le roza, su postura no es agradable o está sucio. Es necesario asegurarse de que descansa lo suficiente; verificar si el tipo de ropa es cómoda, de tejidos naturales, y si es la adecuada para la temperatura del ambiente; hay que procurar cambiarlo de postura si está inquieto y él aún no puede hacerlo por sí mismo y mantenerlo limpio para evitar irritaciones y escozores. Una buena norma podría ser cambiarle los pañales cada 2 ó 3 horas, procurando hacerlo después de las comidas y, por supuesto, cuando el olfato nos lo diga.


· La enfermedad: los dolores más habituales son los intestinales, causados por gases o por estreñimiento. En el primer caso, le aliviará que se le incorpore y se le den unas suaves friegas en la espalda, mientras que, en el segundo, el pediatra podrá sugerirnos masajes relajantes, posturas adecuadas o algún otro remedio. Por otra parte, durante los primeros meses de vida, del 7 al 25% de los bebés padecen los llamados cólicos del lactante, que se manifiestan con un llanto excesivo en niños sanos.

El niño se siente molesto, aprieta los puños, encoge las piernas y rompe bruscamente a llorar de forma inconsolable. Unas teorías apuntan a los problemas gastrointestinales, otras a problemas temperamentales o de relación padres-hijos. Las estrategias utilizadas suelen ser de tipo nutricional, cambiando a leches con otras fórmulas, o modificando la estimulación sensorial del bebé. En cualquier caso, si las molestias persisten durante más de dos o tres horas, será preciso consultar al médico. También el dolor de oídos puede provocar un llanto desconsolado. En este caso es intermitente y coincide con las punzadas de dolor. No es difícil identificar esta dolencia: el niño se suele tocar las orejas y mueve la cabeza de un lado a otro estando acostado y llora al presionarle la parte anterior del oído. Se debe consultar con el médico para evitar complicaciones más graves. Además siempre hay que estar atentos por si el niño tiene fiebre.

· La tensión emocional: los bebés son extremadamente vulnerables y se estresan con facilidad. En el proceso de intentar comprender y asimilar el mundo que los rodea, experimentan confusión. Si se los estimula en exceso, se pueden asustar fácilmente y ponerse a llorar para liberar las tensiones. Un bebé de tres meses puede necesitar un llanto prolongado después de una reunión familiar en la que ha sido manejado por mucha gente desconocida. Del mismo modo, un bebé de seis meses que ha estado intentando gatear y que no lo ha conseguido puede necesitar expresar su frustración llorando y gritando antes de calmarse y dormirse plácidamente. Hay que permitir que se desahogue y que libere su nerviosismo.

· Búsqueda de compañía y afecto: si el bebé no está hambriento, ni cansado, ni mojado, puede llorar simplemente porque sí.  Al principio, el llanto es una necesidad visceral y urgente, pero poco a poco va desligándose de su raíz orgánica para humanizarse y teñirse de afectos. En un principio, la madre capta y responde a las señales del bebé. Cuando él llora, su mamá lo acaricia, y, progresivamente, el entendimiento entre ambos va siendo más sutil y armonioso.

El pequeño ya reconoce a su madre como un objeto de amor y es capaz de sentirse solo y de extrañarla. Hay quienes defienden que hay que dejar llorar al niño hasta que se canse y hay quienes acuden corriendo a calmarlo para que no llore ni un minuto. En el término medio está la virtud. No ocurre nada si dejamos pasar un par de minutos antes de acudir a consolarlo, pero también se debería procurar que el bebé se sienta acompañado mientras está despierto. Le podría ayudar una música de fondo o estar en una habitación en la que haya más personas, cuya presencia sentirá aunque no estén pendientes de él.

· Ensayo del lenguaje: hay veces en que parece que el bebé lloriquea y, sin embargo, no se trata más que de juegos vocales, una diversión o un entretenimiento para él. Esto es un ejercicio habitual que ocupa la mayor parte de su tiempo durante el primer año de vida. Alrededor del séptimo mes, estas manifestaciones preverbales darán paso gradualmente al mundo verbal.

Bebés que lloran sin parar

Cuando la duración y la intensidad del llanto son considerables, a menudo causa en el adulto sentimientos de derrota, culpabilidad, ansiedad, frustración y, en ocasiones, incluso la sensación de no estar queriendo bien al niño o de no atender adecuadamente sus demandas. Es difícil escuchar continuamente sus llantos sin reaccionar negativamente ante ello.

En estas ocasiones, los padres no deben olvidar que llorar es beneficioso para el bebé y que su hijo no los rechaza ni tiene nada contra ellos cuando llora. Tampoco su llanto implica que los progenitores lo estén haciendo mal: simplemente, está mostrando sus sentimientos. No obstante, conviene que los papás se tomen de vez en cuando un respiro en sus responsabilidades como padres, para no agobiarse hasta la extenuación y no descargar su frustración en el niño.

Qué hacer si...

· El bebé sigue protestando:
Una vez descartados los problemas médicos y comprobados sus necesidades y malestares inmediatos (hambre, calor, etc.), tomarlo en brazos con cariño y permitir que continúe llorando, o simplemente arroparle y reconfortarle. El bebé necesita llorar para exteriorizar la tensión acumulada, pero le ayudará hacerlo en compañía. Aunque los padres se sientan impotentes e inútiles, su voz pronunciada lentamente y con una entonación plana (?Tranquilo, ya está aquí mamá?), las frases monótonas o repetitivas (?Eaa, eaa, no pasa nada, eaa, eaa?) o una canción suave le tranquilizarán y le consolarán.

· Emite lloriqueos continuos e intermitentes:
Puede ser un indicio de que sienten soledad y de que demandan cariño. No hay que pensar que ?ya tiene suficiente?: él protestará si siente que necesita más.

· Sus llantos sacan a los padres de quicio:
El nerviosismo de los padres los hace llorar más todavía. Hay que intentar relajarse, porque el bebé no será capaz de hacerlo solo. Lo mejor es tomarse un par de minutos antes de acudir a calmarle, respirar 10 veces muy despacio en otra habitación o expresar en voz alta lo que se siente, igual que el niño lo está haciendo a su manera. Si la situación los sobrepasa, los padres no deben dudar en solicitar ayuda y buscar a alguien que los escuche y a quien contarle sus sentimientos: los sorprenderá saber que hay más padres que sienten lo mismo y que les pueden dar alguna nueva pauta de comportamiento.

Bebés que no lloran

Unos bebés lloran más que otros, pero todos lloran. Si el niño no llora ante situaciones evidentes de incomodidad o dolor, habrá que consultarle al pediatra. Hay algunos procesos patológicos que se caracterizan por la inexpresividad del niño y la ausencia de llanto puede ser un valioso indicador.

Virginia González. Psicóloga y maestra de Educación Infantil

Virginia González

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