El aprendizaje de la risa en los bebés

Cómo aprenden a reír los bebés

El bebé, en un principio, sonríe y se ríe por imitación. A medida que crece comienza a encontrar divertidos los juegos de cosquillas, de esconder y mostrar, las muecas faciales, la repetición de escenas agradables...

Más adelante, cuando aparecen las vocales en su lenguaje, le encanta que se le digan palabras prolongando mucho las sílabas. Es un proceso de aprendizaje que se pronlogará hasta sea un niño, y más tarde un adulto.

La risa del bebé

La evolución de la risa del bebé

Hasta los 3 ó 4 años, el humor del niño es ante todo visual y de contacto, ya que todavía no domina la lengua. Son las escenas lo que le provoca diversión. Los movimientos del cuerpo: contorsiones, movimientos rítmicos y movimientos exagerados son elementos que sorprenden y hacen reír al joven público.

A los tres años todavía hay muy poca distancia entre él y el otro. Por consiguiente, la mayoría de las veces, tiene miedo de los payasos. Cuando comience a poner una distancia entre él y la realidad, podrá reírse del otro. Y entonces el niño se identificará con el payaso, pero sin ser él.

Cuando el payaso se cae, se golpea, falla en sus intentos, se salta las normas..., el niño comparte sus emociones y sentimientos, pero no experimenta las consecuencias. Entonces se ríe con alivio. Gracias al espectáculo cómico, el niño se ríe de su propio sentimiento de inferioridad o de impotencia, o todavía de sus miedos.

Todo consiste en el dominio de la situación. Por ello, cuando a esta edad se alude a las palabras “pipí” y “caca” se ríen a carcajadas todos aquellos que ya dejaron atrás los pañales.

El humor y el lenguaje de los niños

A partir de la adquisición sólida de la lengua, el humor se hace cada vez más verbal y más activo. Ahora es el niño el que quiere provocar la risa. Comienza a jugar con las palabras, las retuerce, las cambia, las canta... Las palabras difíciles de pronunciar le provocan mucha risa; otras, como “cosquillas”: solo su recuerdo le hace reír.

Enseguida los niños se ríen entre ellos y de las mismas cosas, lo que viene a significar que pertenecen al mismo grupo social. En esta edad, el niño disfruta con bromas sencillas y agradables. Hace chistes tontos, muecas, imita algo que le pareció chistoso, se ríe con energía y trata de entender los chistes que hacen en la TV y ante los cuales sus padres se ríen.

También disfruta diciendo “tacos”, hablando sobre genitales y excrementos. Es una forma saludable de saltarse los límites, la represión y no es patológico. Le hace sentirse libre y dueño de la situación y, por supuesto, consigue llamar la atención del adulto. Se puede ignorar o corregir: dependerá de la situación, de la gravedad y del criterio de los padres.

En general, no hace falta hacer un drama pero, si se excede en el mal gusto, hay que hacerle saber con firmeza que no es admisible. Cuando comienzan las bromas y las risas, se rompen muchas barreras. Pero el secreto está en no traspasar el límite del mal gusto. Se trata de '“reírse con'” y no “'reírse de'”.

Se trata de encontrar entre todos el aspecto “gracioso” del chiste o de la situación, no de que uno se convierta en objeto de la broma. Hay que evitar el humor que daña a los demás. Hay que hacerle ver que a él tampoco le gustaría ser el blanco de risas y burlas.

Muchas veces se usan bromas, ironías o chistes para expresar el estado de la mente y del corazón o se emplean para enmascarar los sentimientos. El humor ayuda cuando existen dificultades para expresarse.

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