Adultos hiperactivos. Heredar la hiperactividad

Casi todo el mundo cree que el “déficit de atención con hiperactividad” es un trastorno infantil. Hoy se sabe que afecta también a muchos adultos.

Cuando María N. estaba embarazada de su hijo Iván, lo que menos imaginaba era que el niño iba a tener déficit de atención con hiperactividad (ADHD, por sus siglas en inglés). Sin embargo, ese fue el diagnóstico cuando cumplió 2 años. A los 5 ya le medicaban para controlar su comportamiento. A medida que María fue enterándose de las implicaciones del trastorno y de su componente hereditario, pensó en su propio padre, Félix.

“Siempre había creído que mi padre –despistado, inquieto, al que adoro, pero que siempre se ha metido en líos y a menudo saca de sus casillas a mi madre– no había dado de sí todo su potencial”, explica María. Poco después, a los 67 años, diagnosticaban ADHD a Félix. El estudio del árbol genealógico ha dado otros frutos. Una de las hermanas y dos sobrinos de María tienen también el síndrome (todos están tratándose).

La prueba de los gemelos

El caso de María no es infrecuente. Más de veinte estudios confirman hoy que el ADHD puede heredarse, y que puede afectar a padres, hijos, primos, tíos de la misma familia... La probabilidad de que el padre o la madre de un niño con ADHD padezca el trastorno oscila entre el 15% y el 40%”. El papel de la herencia se ve perfectamente en estudios con gemelos. Si un gemelo univitelino tiene ADHD, el otro tiene entre un 70% y un 80% de probabilidades de padecerlo. En gemelos bivitelinos, la probabilidad está entre el 30% y el 40%.

De padres a hijos

El ADHD es el trastorno de comportamiento más frecuente en niños. Aunque se ha percibido siempre como trastorno infantil, ahora se sabe que afecta a un 4% de adultos. El problema es que –como le ocurrió al padre de María– a la mayoría jamás les diagnosticaron el problema de niños, porque ni siquiera se sabía que existía. Pero los genes no son la única influencia. Factores del entorno, como fumar y tomar alcohol o drogas durante el embarazo, o tener un peso muy bajo al nacer (lo que puede conllevar retraso en el desarrollo cerebral del niño), aumentan el riesgo de ADHD. Otros estudios señalan que toxinas presentes en el entorno y factores dietéticos (colorantes, conservantes) podrían completar el puzzle.

Cuestión de autocontrol

 Un estudio reciente concluye que los adultos con ADHD “son a menudo personas inquietas, distraídas, con dificultades para seguir órdenes y pautas, que pierden cosas a menudo”, pero aclara que “pueden no mostrarse hiperactivas o impulsivas”. Sin duda, el padre o madre que no padece el trastorno se enfrenta a su propia dosis de problemas. Los que están en esa situación dicen que se sienten como si tuvieran dos hijos: el niño y la pareja, que actúa como un crío a causa de su trastorno. Muchas veces, el miembro no afectado de la familia es el más estresado y con mayor riesgo de depresión. Por ello, el especialista debe hablar con ambos padres.

Lo importante es el tratamiento

Los mismos medicamentos (especialmente anfetamínicos) que se emplean para tratar el ADHD en niños se recetan también a los adultos afectados. Un nuevo fármaco, Strattera, aprobado en Estados Unidos durante 2002, es el primer medicamento cuya eficacia en adultos ha sido comprobada científicamente.

Junto con los medicamentos, los adultos que padecen ADHD pueden desarrollar estrategias, que, además de ayudarlos en la vida diaria, les servirán para ser mejores padres. Eso incluye tomar notas, apuntar cosas en tableros visibles, hacer listas..., no solo referentes a su vida cotidiana, sino a las actividades de los hijos. Premiar o alabar al niño cuando hace algo bien es especialmente positivo.


Marisol Guisasola. Periodista especializada en el área de Salud

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Comentarios (1)

19 mar 2013 03:49 maria de lourdes

interesante