Adolescentes: es posible ayudarlos

La incertidumbre que preside la vida de los adolescentes y su deseo de autonomía los alejan de los adultos. Los conducen a rechazar la ayuda de sus padres, aun cuando se trata de una etapa en la que la necesitan tanto o más que cuando son niños.

La incertidumbre

La adolescencia, período evolutivo comprendido entre el final de la infancia, que suele situarse en la pubertad (en torno a los 12 años), y el comienzo de la edad adulta (en torno a los 20), es una etapa de transición, en la que se ha dejado de ser un niño pero todavía no se es un adulto. La creciente necesidad de autonomía de los adolescentes les lleva a rechazar dicha ayuda, enfrentándose a situaciones que pueden representar una amenaza para su desarrollo posterior. Sin embargo, los adultos deberían seguir disponibles para ayudar en dichas situaciones e ir disminuyendo su protección de forma gradual. Los estudios psicológicos llevados a cabo sobre esta etapa llevan a destacar tres características básicas: 1) Desequilibrio y dramatización. 2) Cambios en la forma de ver el mundo. 3) La necesidad de ser especial.

La propia identidad

La tarea crítica de la adolescencia es la construcción de una identidad propia, diferenciada, la elaboración de un proyecto vital en sus distintas esferas, de forma que se pueda dar una adecuada respuesta a preguntas como las siguientes: ¿quién soy yo?, ¿qué quiero hacer con mi vida?, ¿en qué quiero trabajar?, ¿cómo quiero que sea mi vida social y mi vida familiar?, ¿cuáles son mis criterios morales?, ¿cuáles son los valores por los que merece la pena comprometerse• Cuando dicha tarea se resuelve adecuadamente, se produce una identidad lograda, que se caracteriza por dos criterios generales: 1) Es el resultado de un proceso de búsqueda personal. 2) Permite llegar a un nivel suficiente de coherencia y diferenciación.

Antagonismo con la vida adulta

Una de las principales dificultades que debe afrontar el adulto es la distancia que suele existir entre los sueños y proyectos de su juventud, lo que pretendía llegar a ser, y lo que en realidad es en las distintas esferas de su vida, para lo cual debe adoptar un curso de acción que va excluyendo progresivamente la multitud de posibles alternativas de las que dispone el adolescente. Una buena adaptación en la vida adulta requiere comenzar a aceptarlas mientras se intenta superar lo que se puede.

Como seguir ayudándole

A partir de lo anteriormente expuesto, se deduce la conveniencia de desarrollar las siguientes condiciones para seguir ayudando a los hijos cuando llegan a la adolescencia: 1) Ir retirando la protección de forma gradual. 2) Aceptar y favorecer el proceso de construcción de una identidad diferenciada. 3) Favorecer su integración en grupos de compañeros constructivos. 4) Estimular la comprensión recíproca. 5) Seguir promoviendo contextos de comunicación, a pesar de que el adolescente los rechace.

Y para conseguirlo conviene

1) Elegir momentos adecuados, evitando comunicar cuestiones delicadas en situaciones estresantes, y contemplar incluso la necesidad de detener una discusión cuando adopte un tono de enfrentamiento. 2) Plantear con cuidado los temas conflictivos como problemas compartidos. 3) Evitar los monólogos, los discursos y las lecciones. Los adolescentes rechazan de forma especial este tipo de comunicación, distante y/o protectora, en la que sienten que sus padres no se han enterado de que ya no son niños. 4) Estimular el intercambio de opiniones, escuchándolos para tratar de entenderlos. 5) Establecer costumbres y rutinas diarias que resulten gratificantes para todos los que participan en ellas, en las que de forma normalizada puedan comunicarse las incidencias cotidianas. 6) Evitar reñir continuamente a los adolescentes por conductas de escasa relevancia (como el arreglo del cuarto, de la ropa o la realización de tareas domésticas), porque estas riñas continuas no suelen ser útiles y reducen la calidad de la comunicación; como alternativa suele ser más eficaz establecer un plan consensuado (incluso por escrito), cuyo cumplimiento puede revisarse cada cierto tiempo en un momento de tranquilidad (revisión que también puede escribirse).

María José Díaz-Aguado Catedrática de Psicología de la Educación de la Universidad Complutense

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