“¡Abuela, que ya no soy un bebé!”

Las relaciones entre los abuelos y los nietos no son siempre fáciles... Sobre todos cuando los “pequeños” crecen y los abuelos los siguen tratando como si tuvieran 3 años. ¿Cómo explicar ese desfase y acercar a las dos generaciones?

Miedo a envejecer

El crecimiento de los nietos marca el paso del tiempo. Y ello enfrenta a los abuelos con la idea de su propio envejecimiento. ¡No es fácil! Esa proyección –tan natural por parte de los abuelos-, tiñe forzosamente las relaciones entre las dos generaciones. Los padres, que están en medio, se encuentran bien situados para observar y comprender, por un lado, a sus “pequeños”, que tienen ganas de hacerse “mayores” y que crecen de forma incontestable; y, por otro, sus propios padres que se agarran al deseo de que el tiempo no pase demasiado rápido.

La necesidad de mimar

No es agradable, pero es la verdad: cuanto más envejecemos, menos necesitamos el contacto físico con los demás. No faltan intercambios verbales: con los amigos (¡que también envejecen!) o con los hijos que ya son adultos. Pero, al hacernos mayores, tenemos menos ocasiones de mimar o de abrazar. Con la llegada de un bebé a la familia, los abuelos recuperan ese placer simple del contacto físico. Y no paran de pedir besos. A menudo, los nietos no entienden esa necesidad y, al crecer, intentan evitarlos.

Ausentes de la vida cotidiana

A los abuelos que ven a sus nietos cada dos meses, les cuesta darse cuenta de los cambios que se operan en ellos. Podemos explicarles que sus nietos se han hecho mayores, que quieren que se les considere de otro modo. Pero lo más eficaz es enseñarles lo que son capaces de hacer. Invitad a los abuelos a una competición deportiva en la que participe el niño. O pedidles que, cuando puedan, vayan a recogerlo al centro donde realizan actividades extraescolares. Así podrán constatar de primera mano lo que han cambiado sus nietos. Giaccone-Marcesche. Texto para la revista Astrapi de: S. Coucharrière.

Los abuelos no siempre ven crecer a sus nietos

¿Cómo lograr que no se rompa la comunicación entre los nietos que crecen y los abuelos que envejecen? Si los padres quieren mantener el vínculo, tienen que determinar el lugar que ocupa cada uno y dar algunas claves a las dos generaciones para que sigan entendiéndose.

Explicar a los abuelos

Los padres están mejor situados para “actualizar”, cada cierto tiempo, en la cabeza de los abuelos, la imagen del niño, con sus deseos y sus necesidades. Un niño que ya está en 6.º de Primaria, por ejemplo, puede sufrir si su abuela va a buscarlo todos los días a la salida del colegio. Puede convertirse en el “hazmerreír” de los compañeros. Los padres tienen que explicar a los abuelos lo que los niños son capaces de hacer solos. Y hasta ponerlos en su sitio si es necesario. Si los abuelos viven lejos, los padres deben hablarles de la vida del niño, y si no viven tan alejados, deben facilitar los encuentros, aunque sean cortos.

Hablar a los niños

No esperéis a que lleguen las reflexiones en público o los regalos de cumpleaños demasiado infantiles para hablar con vuestros hijos. Ellos pueden comprender perfectamente que los abuelos creen que hacen lo mejor, que quieren protegerlos, etc. Decidle a vuestro hijo: “¿La abuela te besuquea sin parar?” ¿El abuelo te hace mucho caso? ¡Aprovecha! Llegará un día en que no estarán aquí. Ahora que puedes, déjate mimar”. Enséñale a comunicarse con ellos sin ser agresivo, sin enfadarse y sin llorar. Un niño puede decir educadamente a su abuela: “Pero, abuela, ¿no ves que me hago mayor?”. Es el niño, no el padre o la madre, el que tiene que afirmarse, el que debe pedir la confianza del adulto y mostrarle hasta qué punto se ha madurado.

Tejer la relación

La clave de las reuniones familiares distendidas suele ser el humor. Pues vamos a fomentarlo en el niño. De entrada, hay que advertirle de que va a tener que repetir el mensaje a los abuelos varias veces. Pongamos que la abuela vuelve a repeinarle en público. Ya vuelve a las andadas, es más fuerte que ella. El niño puede decirle con una sonrisa: “Abuela ¿ya no te acuerdas?”. No dudéis en ofrecer esta salida al niño para que pueda salir airoso del aprieto. El humor desdramatiza (si dejar por ello de poner a la abuela en su lugar) y a menudo permite estrechar lazos muy fuertes entre pequeños y mayores. Giaccone-Marcesche. Texto para la revista Astrapi de: S. Coucharrière.

¿Cómo acercar a abuelos y nietos?

Lo abuela no ve o no quiere ver crecer a sus nietos y los trata como a niños pequeños, para exasperación de estos. Aquí tenéis un par de ideas para propiciar una relación más serena.

Comida familiar

Es la comida familiar del domingo y vuestro hijo de 9 ó 10 años sigue aún sentándose en la mesa de los pequeños. Hay que reconocer que está a caballo entre dos edades y, para la abuela, no es fácil ubicarlo. Ya no es un niño pequeño, pero tampoco es todavía un adolescente (de hecho, a los mayores no les cuesta demasiado rechazar a los más jóvenes). Si dentro de la familia vuestro hijo se encuentra entre dos grupos de edad, proponedle que invite a un amigo o a una amiga a comer. Si son dos, ¡todo es diferente! Lo esencial es hablarlo antes con los abuelos, que seguro que lo entenderán.

Las virtudes de una carta

Animad a vuestro hijo a que escriba a los abuelos. Una carta es mucho más que una llamada telefónica. En ella, puede contar extensamente lo que hace, lo que le gusta, hablar de sus amigos y de lo que siente. Los abuelos miden la evolución del niño a través de la escritura, de la expresión. Seguro que se comportan de otro modo cuando se vuelvan a ver. No solo se sentirán halagados por el detalle, sino que tendrán el aliciente adicional de conservar la carta para releerla. El correo establece una auténtica relación de calidad. Giaccone-Marcesche. Texto para la revista Astrapi de: S. Coucharrière.

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